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Lucio Saints le mete la primera follada al chico de la piscina Sasha Erre y le pringa el culo de lefa

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Lucio Saints le mete la primera follada al chico de la piscina Sasha Erre y le pringa el culo de lefa

Cuando lo contrató para limpiar la piscina de su casa de verano, Lucio Saints ya había hecho antes los deberes. Preguntando a algunos contactos del barrio, se enteró de que había un chavalito joven llamado Sasha Erre que no era lo que parecía a simple vista. “No te dejes llevar por primeras impresiones, aunque el tio es delgadito, lo que tiene entre las piernas es enorme” le decían. De tanto escucharlo por el pueblo, incluso algunos testimonios reales de chavales que se habían ido a casa con el culo calentito tras pasar por su cama, a Lucio se le estaba empezando a calentar algo más que la imaginación y no le quedó otro remedio que darle el trabajito.

Pues sí que es delgadito sí” se dijo mientras le abría la puerta. Como si tuviera rayos X en los ojos y pudiera ver a través de la ropa, Lucio se subió al piso de arriba y comenzó a contemplar al chaval desde su ventana, salivando como un perrico y tocándose la polla tanto que ya le reventaba por el bañador y se la tuvo que sacar, imaginando lo larga que la tendría ese chico. Fueron tan fuertes sus pensamientos guarros, que casi podía sentir el saborcito a rabo en su calenturienta lengua.

Lo había preparado todo como él quería. “Si necesitas algo llámame” era la primera pista que el chaval cumplió a rajatabla cuando no encontraba el cloro que Lucio había escondido a posta. Justo cuando Sasha se disponía a buscarle dentro de la casa, se puso manos a la obra, se quitó toda la ropa y se quedó desnudo encima de la cama practicándose una paja esperando que se abriera la puerta fingiendo que le había pillado en plena acción. Y todo salió perfecto tal y como lo había planeado.

Joder, y vaya que si salió bien! Al chaval le gustaban los palos y cambió el de la escoba de la piscina por el del mango del dueño, que además estaba caliente, duro, gordo y rabioso. Se la cogió con la manita por debajo notando todo el peso y ya con los besitos empezó a acariciarlo lentamente despellejándole la piel suave. Menudo pollón, que parecía que tenía hasta lubricante natural de lo bien que se deslizaba el pellejo por el rabo. Tan gigantesco que comparado con el ancho de la pierna delgadita de Sasha, el rabo lo superaba con creces. Podría incluso atravesarlo con la polla de lado a lado, metérsela entre la entrepierna por detrás y hacerse una paja con el chaval cabalgando sobre su pipa.

Se pegaron un saludo de pollas como buenos colegas, Lucio le sacó todo el mango y empleó su curvatura para hacer un tetris de rabos, encajándolos como un puzle, el de Lucio empalmado hacia arriba, el de Sasha acoplado encima, curvadito, arropando la polla del dueño. Lucio hizo como si la metiera en un agujero, culeando y haciéndose una sueve pajilla por la parte superior aprovechando la forma del rabo del chavalote, que enseguida se tumbó el la cama y se enganchó a su rabo comiéndoselo enterito.

Su polla quedaba deliciosamente grande al lado de aquel chaval delgadito. Ver desde arriba su trabuco perforar la boquita le ponía cachondo, sobre todo imaginando cómo quedaría en su culito cuando le abriese todo el camino hasta el fondo. El piercing que Sasha tenía en la lengua le volvía loco justo cuando le rozaba la raja y la base del capullo, obligándolo a retorcerse de gusto y recular un poquito echando el trasero hacia atrás por miedo a correrse en ese mismo instante. Le hubiera dejado la cara guapa rezumando semen por la polla, pero tomó el control de nuevo para no hacerlo y poder gozar del chico de la piscina hasta meterle todo el cloro.

De momento el chaval ya le había empapado la polla en saliva y se la estaba dejando brillante como el arroz, algo que hacía que sonase ese agradable sonido de rechupada cada vez que le pegaba una pasada con la boca y le comía todos los huevos. El guarreo de saliva sólo acababa de comenzar y Sasha ya tenía los morros pringosos, hasta en la muñeca. Tan cerdo le estaba poniendo a Lucio que este le refrotó sus partes desde la punta del rabo hasta el ojete por toda la cara y le obligó a comerse las dos pelotas de sus cojones, algo imposible porque era como intentar meterle dos melocotones por la boca al mismo tiempo. Se tuvo que conformar con una relamida de gusto por la piel rugosa.

Las leyendas del pueblo eran ciertas, lo comprobó de primera mano. Nada haría presagiar en un primer momento que ese chico tuviera colgando entre sus piernas algo tan largo y grande, pero así era. De repente una inmensa pollaca larga y gorda se alzaba grandiosa ante su boca y se la comió sin remordimientos. Nunca había mamado una así y era todo un reto, super curvada hacia abajo Lucio tenía ganas de explorar nuevos caminos para comerse un buen rabo como ese.

Empezó a comérselo como lo habría hecho con cualquier otro rabo, pero enseguida notó las virtudes de comerse una polla doblada. El contacto del cipote contra el paladar, la garganta inundándosele de cipote, de nuevo el cosquilleo por el paladar antes de salir por su boca para volver a tragársela de nuevo. Una puta maravilla de la naturaleza. Hasta cuando le comía las pelotas, el piercing en la rajeta de Sasha y el pendiente en su oreja hacían buenas migas.

Saciado de rabo, se dedicó a abrirle el ojete y para eso empleó un arma que nunca antes había utilizado, el rabo del propio chaval. Su cuvatura era perfecta para hacer aquella travesura. Le cogió la polla con la mano y la forzo hacia abajo, pasándola por el lateral de las pelotas, hasta que el cipote alcanzó el agujero del culo y con él masajeó la entrada. Podía haberle hecho una autofollada en ese momento, pero prefirió que fuera su polla la primera en desvirgar aquel culito para sentir ese primer apretón que tanto gusto le daba.

Lo puso de lado y le abrió el ojete de par en par con todo el rabo gordo. En apenas unos segundos, ese culito blanco ya era de su propiedad, se tragaba su polla sin negarse y sus muslos regresaban una y otra vez como imanes a los cachetes de su culo, perforándole hasta metérsela bien adentro. Iba a cogerle de la pierna para abrirle más, pero sin querer la mano se le fue a la polla y ahí se la dejó, pajeando su estupendo rabo mientras se la metía hasta las pelotas.

Sin duda que cuando acabase iba a llamar a algunos amiguetes para aconsejarles a este chico de la piscina, seguro que sus colegas le iban a agradecer el detalle cuando descubriesen la sorpresa. Por sus cojones que este chavalote iba a ir de casa en casa hasta que todos sus amigos del pueblo se lo hubieran follado y probado su enorme rabo. Quizá hasta podían hacer una merienda entre colegas y meterle de rabos a pares hasta el amanecer.

Lucio creía que habían acabado las sorpresas, pero descubrió otro de los placeres de ese rabo curvo cuando se lo sentó encima y comenzó a taladrarle. De repente la polla del chaval caía con todo su peso y le rozaba los cojones! La hostia puta, era como tener a otro tio lamiéndote las pelotas mientras follas. Los ojos en blanco se le pusieron y tuvo que contenerse para no preñarle el culo. Incluso si echaba al chaval un poquito más hacia adelante, con el rabo podría alcanzarle su propio culo y dejarse follar también, así tendrían los dos el agujero lleno.

Se quitó el condón y puso al chaval como un perrito a cuatro patas para que le volviera a mamar la polla. En agradecimiento al jugueteo rozándole el rabo con los pies, el chico le metió un pajeo a dos manos que casi le saca la leche del alma. A Lucio le vino a la mente la imagen de un caballo empotrando a una yegua cuando vio la pedazo polla del chaval colgando de fondo, tan larga que con el cipote rozaba las sábanas. Queriendo ser el caballo, se le colocó por detrás y le empotró todo el rabo. Mientras se la metía pensaba que con un culito tan estrecho y delgadito, su polla debería estar rozándole hasta la garganta.

Todavía quedaba más. Se lo folló poniéndolo de nuevo sentado sobre sus pantorrillas pero mirando hacia el frente, cara a cara, dejando que esa polla y el piercing le rozasen el estómago, un buen pedazo de salchicha cosquilleándole los abdominales.

Sasha estaba a punto de encontrar el cloro. El dueño de la casa lo tenía bien guardado en el interior de sus pelotas y se colocó detrás de él, apuntando hacia su ojete para entregárselo. Un chorrazo delicioso y blanco saltó hacia arriba saliendo de la polla, cayó sobre el inicio de la raja del culo del chaval y se deslizó viscoso por la hendidura hasta toparse con el ojete. Más leche salió disparada hacia el frente, colándose por el agujero la que se quedaba a medias y decorándole el globazo del culo y deslizándose calentita por sus muslos la que salía disparada más lejos. Recobrando el sentido, Lucio se parte la polla al ver lo que ha hecho, mirando cómo los lefotes caen hacia abajo como goterones del tejado después de la lluvia.

 

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